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Cómo interpretar la información sobre dietas ancestrales

Desde hace siglos, el ser humano ha estado interesado en la relación entre la alimentación y la salud. Hoy en día nos preocupa, más aún, cuando las enfermedades crónicas están escalando en la sociedad.

Vamos a entender las incógnitas a tantas dietas que surgen y que en ocasiones pueden generar desconcierto, más aún cuando se busca bajar de peso, mejorar la salud y la condición física.

El tamaño de las raciones y el tamaño de los platos han aumentado en un 40% en las últimas décadas, a eso hay que añadir «la moda» de hacer cinco o seis comidas al día, que salvo determinadas patologías carece de sentido, y por supuesto los snacks, disfrazados de barritas saludables para matar el gusanillo, como si ya no hubiéramos comido bastante.

No son sólo los alimentos ultraprocesados los que nos perjudican. Que nuestro organismo aproveche los nutrientes depende de la calidad de los alimentos que ingerimos y de la matriz alimentaria de los mismos. En función del proceso, e incluso de la conservación y sistema de cocinado al que hayan sido sometidos, tendremos un alimento que beneficia o que por el contrario perjudica.

Un alimento rico en micronutrientes es saciante, una dieta pobre en los mismos, a parte de los daños que genera y las consecuencias negativas que tiene sobre todo el organismo, no «calma» el apetito. Pocos micronutrientes…, nuestro cuerpo pide más y al mismo tiempo reserva grasa porque interpreta escasez.

Para más información sobre cómo afecta la calidad nutricional de los alimentos al aumento de peso y a la inflamación crónica, puede consultar el artículo: porqué las dietas no funcionan.

A cada estación le corresponden unos alimentos, incluso algunos de los que se mantienen, como las carnes, se suele disminuir su consumo en función de la época del año. A día de hoy vivimos muy alejados de la «temporalidad».

La variedad bien entendida. Piense que el 90% de lo que encuentra en un supermercado no es necesario, es capricho y en muchas ocasiones poco saludable o dañino. Hay que tener una despensa acorde a las necesidades particulares de la persona, sencilla y nutritiva, y cuando se quiera tomar un capricho, mejor disfrutarlo fuera. Tu casa es tu santuario.

El estrés crónico, una enfermedad moderna, afecta a la digestión y a cómo nuestro organismo gestiona todos sus procesos. Es precursor de muchas patologías y molestias. A parte, modifica nuestra conducta alimentaria, si fuma le hará fumar más, nos paraliza ante el ejercicio físico y empeora la calidad del sueño.

Los ritmos circadianos son cambios físicos, mentales y conductuales que siguen un ciclo de 24 horas. Estos procesos naturales responden, principalmente, a la luz y la oscuridad, y afectan a la mayoría de seres vivos, incluidos los animales, las plantas y los microbios.

En otros artículos hablo sobre la importancia de dormir antes de las once de la noche, de las consecuencias que tiene sobre nuestro metabolismo y salud, tanto física como mentalmente, el trasnochar. En algunos países de Asia oriental se denomina «suicidio silencioso» a trasnochar.

Los Hazda basan su alimentación en la temporada, carecen de estrés crónico, sus alimentos están libres de aditivos y son de calidad, muy ricos en nutrientes y fibra. En la temporada en la que no hay tubérculos consumen miel, una miel pura, por todo ello mantienen una microbiota óptima que se adapta en función de lo ingieren durante cada época del año. Una microbiota muy flexible porque está sana y entrenada.

No comen cada dos por tres y tienen bien regulado el apetito. Añadir que hemos perdido la capacidad de sentir hambre. Parece que esa sensación que se sostenía no hace mucho tiempo, ya no tiene cabida en nuestras vidas, «hay que matar el hambre».

Desde un tiempo atrás escuchamos hablar sobre dietas ancestrales. Cada persona en función de su situación debe desarrollar la alimentación con la que mejor se encuentre, física y mentalmente. Ir paulatinamente simplificando, adquiriendo alimentos de mejor calidad, sobre todo carnes, pescados, hortalizas, huevos y derivados lácteos si se consumen, y el resto vendrá solo.

Claro queda que la industria alimentaria ha evolucionado independientemente de las necesidades reales del ser humano. No es maldad ni intención, es negocio.

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