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Porqué las dietas no funcionan

¿Por qué las dietas fracasan? Cada vez hay más problemas de salud, los índices de obesidad se disparan, y al mismo tiempo contamos con infinidad de información. Seamos curiosos e investiguemos un poco.

Nos ponemos en situación

Hay que entender que no hemos evolucionado a la par de la industria alimentaria. La industria alimentaria es toda una revolución, en los últimos 70 años han modificado nuestro patrón alimentario y la calidad nutricional de los alimentos. No hay cuerpo que lo resista.

Para indagar en lo complejo de nuestra alimentación moderna, y más aún en lo tergiversado que está todo, vamos a fijarnos en la imagen donde una boca engulle una gran cantidad de comida «chatarra». Son alimentos insanos, adictivos y que no sacian. La mayoría de las personas no comen a diario estos productos. Mientras ponemos el foco en lo más bizarro, seguimos consumiendo alimentos que alteran nuestro metabolismo.

Tenemos un paladar distorsionado. En primer lugar, porque cuesta encontrar alimentos con su sabor pleno y original. En segundo lugar, porque ya lo ha resuelto la industria alimentaria llenando de azúcar, grasas y saborizantes numerosos productos que consideramos alimentos. Desde el pan hasta la carne, pasando por los huevos y lácteos, mucho de lo que compra en algunos supermercados, no son alimentos nutritivos. Comemos raciones grandes, y hasta nos hemos acostumbrado a que nos sienten «bien» ciertos alimentos que generan fatiga e inflamación crónica.

Cuando compre pan, sea una barra, un panecillo de semillas, un paquete de pan de molde…, ese alimento, no elaborado con ingredientes naturales ni procesado artesanalmente, no le va a saciar. Es un alimento insano, vacío nutricionalmente hablando, y muy perjudicial porque contribuye a la inflamación del cuerpo.

Aprovecho para recordar la diferencia que hay entre un huevo industrial y un huevo de gallinas de raza criadas en pastura:

De la tabla de nutrientes del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) donde se comparan estos dos tipos de huevos. Huevos procedentes de gallinas de pastoreo, contienen:

  • ⅓ menos de colesterol
  • ¼ menos de grasa saturada
  • 60% más de vitamina A
  • 2 veces más ácidos grasos omega-3
  • 3 veces más vitamina E
  • 7 veces más beta-caroteno

Las personas que tenemos acceso a estos huevos, notamos la diferencia, no sólo en su sabor, sino también en cómo se digieren. Yo no puedo sentir si tiene más o menos micronutrientes, noto su sabor, textura y digestión. Sacian con plenitud, no con pesadez.

Cómo abordar un cambio en la dieta diaria y que funcione

Para lograr un cambio en la dieta diaria, hay que partir de la base de que la responsabilidad de que se esté alimentando mal, no es suya. Si decide adentrarse en este camino, busque profesionales que valoren la calidad nutricional de los alimentos y que sean conocedores de este hecho. Que estén por la labor de llevarle de la mano haciéndole ver que existe una nutrición antropológica, y que hace no muchas décadas, decidimos darle la espalda.

Independientemente de si adoptamos un nuevo estilo de alimentación por una patología diagnosticada, o bien porque no nos sentimos con energía, tal vez con sobrepeso, con la menopausia, etc., hay que aprender a comer consciente para entender el proceso y su valor, y hay que aprender a comprar y a ser críticos con lo que nos ofrecen.

Cuando se aprende, cuando se interioriza, la alimentación cambia. Poco a poco nuestro cuerpo irá pidiendo esos alimentos, es un hecho. Y con ello se sentirá más enérgico, con ganas de hacer deporte, de correr, de caminar…, incluso le aportará «felicidad» por el control que obtiene sobre su realidad.

Hay que trabajar de otra manera con el paciente o la persona interesada en cambiar su patrón alimentario. No hay «dietas», no hay infinidad de recetas, hay un proceso de transformación. Hay que aprender sobre el cuerpo humano, sobre nutrición y sobre la psicología de porqué comemos. Si no entiende la causa, no resuelve el problema.

No contamos calorías, comprendemos las raciones y prestamos atención a los alimentos en sí.

Cuando deje de consumir alimentos de baja calidad, que es el primer paso, aumentará su energía, y es un gran paso, porque no querrá volver a perderla.

Cómo la malnutrición engorda, resta energía y equilibrio mental

Entendiendo la desnutrición como un acceso limitado a los alimentos, es decir, lo que se conoce como «pasar hambre», tenemos por otro lado la malnutrición por falta de micronutrientes. Esta malnutrición es la causa principal de que las dietas no funcionen. Dos tercios de la población mundial está malnutrida, independientemente de su peso.

Los micronutrientes son vitaminas, minerales y oligoelementos que el cuerpo necesita para producir enzimas, hormonas y otras sustancias fundamentales para el crecimiento y desarrollo normales de nuestro organismo. Actúan como cofactores, como precursores hormonales o como moduladores de las reacciones fisiológicas.

El cuerpo necesita consumir diversos nutrientes para mantener el funcionamiento normal del metabolismo corporal. Si el cuerpo está malnutrido, se producirán trastornos metabólicos con la posibilidad de desarrollar grasa visceral, sobrepeso y obesidad. Abordar cualquier tipo de patrón alimentario, sin pensar en la calidad de los alimentos que ingerimos, no producirá ningún buen resultado en el medio y largo plazo. Es un hecho.

Aunque optar por una dieta puede hacerle perder peso, también puede empeorar la malnutrición. Llevar una dieta sin más, puede conducirle a una pérdida de peso, pero la mayor parte del peso perdido será agua y músculo. Si se reduce la masa muscular, la tasa metabólica basal también disminuirá, nuestro cuerpo necesitará menos energía y permitirá que seamos más propensos a la obesidad. La pérdida de masa muscular también conlleva otros problemas como la sarcopenia en la edad avanzada.

Mantenerse alejado de los alimentos comunes altamente procesados, es vital pero no suficiente. Estamos sobrealimentados pero malnutridos, de ahí que nuestro cuerpo mantenga e incluso incremente las reservas de grasa, le faltan micronutrientes, el organismo entra en alerta y reserva esas grasas porque para él hay escasez, entra en modo de supervivencia. Podemos estar comiendo con moderación y ganar peso al no valorar los alimentos que ingerimos.

Cuando las personas están malnutridas, el cerebro no puede obtener ciertos oligoelementos, los cuales son cruciales para que este produzca neurotransmisores. 

Las investigaciones existentes muestran que la falta de neurotransmisores puede conducir fácilmente a la depresión y a la falta de energía vital. Revise el artículo sobre la microbiota para obtener más información al respecto.

Está demostrado, tanto si gusta esta información como si no, que los alimentos ecológicos son más nutritivos. Esto no implica que si no tenemos acceso a ellos, «no haya solución». Seguro que si se entiende lo que expongo a continuación, no habrá mayor problema para pensar en el cambio, y cómo en función de nuestra situación personal, podemos gestionarlo.

NOTA: que haya alimentos «más caros» comparándolos con su homólogo más económico, no implica llevar una alimentación más costosa. Hay que aprender a elegir y tener claras las prioridades.

Conclusiones para abordar una alimentación coherente y que «funcione»

Su alimentación debe dotarle de un buen estado de ánimo, permitirle la agilidad mental y física, desarrollarlas y extenderlas en el tiempo. Tanto si sigue una dieta específica como si no, investigue si se está alejándo de la malnutrición, de la inflamación crónica y de la grasa visceral.

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