Cuando se trabaja con desequilibrios hormonales, no existe una solución rápida. Lo mejor es llegar preparada a esta etapa de la vida, donde mimar la alimentación se convierte en una herramienta más e imprescindible.

Cómo la menopausia afecta el cerebro
Nuestros cerebros están en continua interacción con el resto del cuerpo, no son «cajas» aisladas. Y las interacciones con el sistema reproductivo influyen en su envejecimiento, en concreto en el caso de la mujer. Esa interacción es llevada a cabo por las hormonas, y es durante la menopausia cuando se produce un descenso pronunciado de los estrógenos y la progesterona. La menopausia se asocia con los ovarios, pero los síntomas: sofocos, ansiedad, depresión, lapsos mentales, insomnio, …, no comienzan en ellos, comienzan en nuestro cerebro. Son síntomas neurológicos. El cerebro y los ovarios forman parte del sistema endocrino. Los estrógenos «empujan» a las neuronas a quemar glucosa para generar energía en el cerebro. Si el nivel de estrógenos es alto, la energía en nuestro cerebro será alta.
Durante la menopausia, los estrógenos que han caído en picado no activan correctamente el tronco encefálico, de ahí que se generen problemas con el sueño. Este es un ejemplo de cómo se desarrollan los síntomas en el cerebro, el cual, en el caso de las mujeres, se ve más afectado por los cambios hormonales que por el envejecimiento. Es una transición, que no afecta al rendimiento cognitivo, donde la agudeza mental se mantiene intacta.
Durante la transición a la menopausia, las placas amiloides aumentarán un 20%, lo que conlleva un mayor riesgo de que se desarrolle demencia en la vejez. No es un diagnóstico, es un factor de riesgo.
¿Por qué es importante tener esta información? Porque es necesario conocer y entender qué le pasa a nuestro cerebro durante la menopausia, y si lo podemos proteger en este proceso. Mientras la terapia hormonal deberá decidirla con su médico, la mejor recomendación es actuar sobre nuestro estilo de vida. La comida que comemos, el ejercicio que hacemos, cuánto dormimos, cuanto estrés tenemos en nuestras vidas, …, todo esto afecta a nuestras hormonas, para mejor y para peor. La evidencia científica y el conocimiento empírico, han demostrado que la dieta mediterránea tradicional es un apoyo en la salud de la mujer. Las mujeres que han llevado esta dieta tienen un riesgo mucho más bajo de demencia, de cáncer, de depresión…, y por supuesto muchos menos sofocos y otros síntomas propios de esta transición. Ahora bien, hay que saber cual es esa dieta mediterránea, ya que ha sido desvirtuada con el paso del tiempo.
La dieta mediterránea tradicional baja en carbohidratos. Los alimentos que la componen son ricos en estrógenos. Los fitoestrógenos y estrógenos de los vegetales y frutos actúan como los estrógenos de nuestro cuerpo. Algunos ejemplos de alimentos que contienen fitoestrógenos beneficiosos son: frutos rojos, calabaza y el melón. Ojo, hay que tener en cuenta que no sólo es importante cuidar la alimentación, es igual de importante rechazar todo aquello que suprime nuestros propios estrógenos, especialmente el estrés. El cortisol, que es la hormona del estrés, está involucrado en el balance de estrógenos. Si el cortisol sube y se mantiene alto de manera constante (estrés crónico), los estrógenos bajan.
Para prevenir la demencia se recomienda el consumo de alimentos ricos en ácidos grasos omega-3 y en micronutrientes de acción antioxidante que reducen el estrés oxidativo en el cerebro como las vitaminas C, E, A, ácido fólico, B6, B12 y D, el zinc y el selenio.
Debemos entender la salud del cerebro de la mujer, más aún durante la menopausia.
La alimentación durante la menopausia
Podemos llegar a la conclusión de que una alimentación de calidad es imprescindible a lo largo de nuestra vida. Llegar a la menopausia habiendo llevado un estilo de vida saludable, hará esta cambio más llevadero. Aún así, hay que escuchar a nuestro cuerpo como hacían nuestras abuelas. Las diferencias más relevantes de hoy en día con hace 50 o 70 años atrás, son las siguientes:
1.- Hemos consumido alimentos con menor calidad nutricional que nuestros antepasados. Es un hecho. Al mismo tiempo, el acceso a alimentos perjudiciales que deterioran nuestra microbiota, afecta a la estabilidad del cerebro. La disbiosis intestinal se asocia con la ansiedad y la depresión.
2.- La vida es más compleja. Lo que nos impide escuchar las necesidades de nuestro cuerpo de manera natural. Hay más ruido en nuestras vidas.
3.- Nos olvidamos de lo que es la dieta mediterránea tradicional, incluso escucharemos a expertos que hablan sobre la alimentación y la necesidad de su evolución. Cierto que en muchas ocasiones no tendremos tiempo de cocinar algunos platos clásicos, pero sí de mantener los ingredientes. La dieta mediterránea tradicional, era baja en carbohidratos.
Desde Jiwa Nutrición se presta apoyo durante esta etapa de la vida. Cualquier labor que se acomete se basa en la situación particular de cada persona, en la sencillez y en la practicidad.
Bibliografía: Estudio sobre el cerebro de la mujer durante la menopausia. Lisa Mosconi, neurocientífica.
LA MENOPAUSIA DE HOY NO ES LA MISMA QUE LA DE AYER. DEBEMOS ADAPTAR NUESTRO ESTILO DE VIDA DE MANERA RADICAL, PARA MINIMIZAR LOS EFECTOS DE ESTA TRANSICIÓN FEMENINA